El bautizo del Truhán
Cambiar el nombre a un barco trae mala suerte… salvo que invites a Eolo, a Poseidón y a Dios a una copa de Moët. Así empezó todo.
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La aventura del Truhán
Travesías, puestas de sol, fondeos y alguna que otra tormenta. Esto es lo que se vive a bordo del Truhán… y aquí hay sitio para ti.
¡Hola! Soy Narciso
Aprendí a navegar de niño con mi padre, en una barquita de vela desmontable de 6 metros que montábamos cada verano en el Mar Menor. Antes de armarla había que dejarla una hora al sol, para que el plástico cediera.
Años después, en las prácticas del PER, desplegamos las velas a la salida del puerto de Alicante y apagamos el motor. De repente se hizo el silencio: solo el viento, el mar y las velas. Sentí una libertad enorme y pensé que, con ese viento, podríamos llegar al Caribe. Desde ese día, cada salida me ha enganchado un poco más.
En tierra vivimos llenos de ruido. En el mar solo importa el momento, el viento y la decisión que tomas ahora. Siempre quise vivir en un velero, pero nunca me creí que fuera posible. Ahora lo veo muy cerca, y estoy organizando mi vida para soltar amarras. Esta web es mi cuaderno de bitácora: aquí cuento lo que sale bien, lo que sale mal y todo lo que voy aprendiendo.
«El mar es libertad. Y cada temporal te enseña que no eres nadie… y que puedes con todo.»
Mi casa flotante
Un Beneteau Oceanis 411 de 12 metros, con madera noble por dentro y una bañera amplia donde caben las comidas largas, las guardias de noche y las charlas bajo las estrellas.
Su nombre viene de una canción de Julio Iglesias que, según mi pareja, me define bastante: un poco canalla, pero con cariño. Lo que más me gusta de él es su nobleza: navega seguro y muy seco, y está preparado para vivir a bordo, con nevera, congelador, calefacción, placas solares y un arco de popa donde cuelga la auxiliar. Aguantará más que el capitán.
Cuaderno de bitácora
Cambiar el nombre a un barco trae mala suerte… salvo que invites a Eolo, a Poseidón y a Dios a una copa de Moët. Así empezó todo.
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Olas de tres metros para cruzar, una noche sin dormir en Cala Tarida y, por fin, quince días de calas, cuevas y amigos nuevos. Y de vuelta, una llampuga y un temporal de 47 nudos nada más amarrar.
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Unas gafas compradas casi sin querer en Sóller, cinco barcos fondeados en el Delta del Ebro y, de repente, el sol se apagó. Se me pusieron los pelos de punta.
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Un volcán en mitad del mar, a unas 30 millas de Castellón, al que solo se llega en barco. La «isla de las serpientes» de los romanos, hoy parque natural y reserva marina.
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Séneca decía que ningún viento es favorable para quien no sabe adónde va. Yo sé a qué puerto voy, y para mí no hay viento en contra.
Levante, Baleares y el Mediterráneo occidental.
El Truhán está hecho para cruzar océanos. El plan: bajar a Canarias y, desde allí, dar el salto al Caribe.
El sueño que empezó el día que apagamos el motor a la salida de Alicante y solo se oía el viento.
¿Te vienes?
No es un chárter ni un crucero. Es navegar de verdad: llevar la caña, dar bordos, fondear en una cala y cenar en la bañera viendo caer el sol.
Busco compañeros de viaje a largo plazo, aunque estén conmigo un día o un mes: gente sencilla, de buen rollo y sonrisa fácil, con ganas de aprender del mar y de la vida.
Te apuntas a la lista de futuros tripulantes.
Cuando haya travesías con plazas libres, avisaré primero a los de la lista. Si nunca has navegado, empezamos por una salida corta para que conozcas el barco.
A bordo todo se comparte: las guardias, la cocina, la limpieza, la compra y los gastos de la travesía. Aquí no hay pasajeros.
Las normas de la casa
Nuevo: la tienda
Polos, camisetas, gorras y chaquetas con el bordado del Truhán. Por encargo, sin intermediarios.
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Próximamente
Estoy escribiendo la historia de este cambio de vida. Si quieres leerlo el primero, déjame tu correo y te aviso.